La posible llegada de Juan Carlos Valencia González a la cima del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) abre una nueva etapa en uno de lo...
La posible llegada de Juan Carlos Valencia González a la cima del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) abre una nueva etapa en uno de los expedientes más sensibles de la seguridad mexicana. De acuerdo con una investigación del Wall Street Journal, el hijastro de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, habría asumido el mando tras la muerte del capo en febrero, lo que convertiría la sucesión criminal en un asunto de alcance binacional por una razón adicional: Valencia nació en California y es ciudadano estadounidense.
El relevo ocurre en un contexto especialmente delicado. Reuters documentó que “El Mencho” fue capturado y murió el 23 de febrero de 2026 durante un operativo militar en Jalisco, hecho que desató una ola de represalias del CJNG en varios estados, con bloqueos, incendios y decenas de muertos. La caída del líder no significó el colapso inmediato del cártel, sino la apertura de una disputa por el control de una estructura con presencia nacional e intereses transnacionales.
Antes de que surgiera la versión de un mando ya consolidado, el propio gobierno mexicano había planteado un escenario más abierto. Omar García Harfuch informó a finales de febrero que las autoridades tenían identificados cuatro liderazgos bajo investigación como posibles sucesores del CJNG. Entre los nombres que especialistas y medios colocaron con mayor peso apareció justamente Juan Carlos Valencia, conocido como “El 03” o “El R3”, junto con otros operadores regionales del grupo.
La ventaja de Valencia no se explica solo por cercanía familiar. El Los Angeles Times reportó que el operador, de 41 años, controla áreas de lavado de dinero y operaciones regionales del cártel, además de ser señalado como comandante del Grupo Élite, uno de los brazos armados más violentos de la organización. Esa combinación de apellido, estructura financiera y capacidad operativa es lo que ha llevado a varios analistas a verlo como el heredero más lógico dentro del esquema de poder que dejó “El Mencho”.
El problema para México y Estados Unidos es que no se trata de un actor desconocido. El Departamento de Estado mantiene desde 2021 una recompensa de hasta 5 millones de dólares por información que conduzca a su captura o condena, y el nombre de Valencia ya figuraba entre los objetivos prioritarios de Washington antes de esta presunta sucesión. A ello se suma que, desde febrero de 2025, el CJNG fue designado por Estados Unidos como Organización Terrorista Extranjera, lo que endurece las implicaciones legales y financieras de cualquier red vinculada con su operación.
En términos políticos, la eventual consolidación de Valencia presiona la narrativa del gobierno mexicano. La muerte de “El Mencho” había sido presentada como un golpe estratégico al crimen organizado y como una muestra de la coordinación entre fuerzas mexicanas y apoyo de inteligencia estadounidense. Pero si el relevo ya se produjo —y además dentro del mismo núcleo familiar-financiero— el mensaje cambia: más que una desarticulación completa, lo que podría haberse logrado es una transición de mando dentro de una organización que conserva recursos, cuadros armados y redes de lavado.
La pregunta de fondo, entonces, no es solo quién manda hoy en el CJNG, sino qué tan profunda fue realmente la afectación al cártel tras la caída de su fundador. Si se confirma que Juan Carlos Valencia González tomó el control, el caso pondrá a prueba la estrategia de seguridad de Claudia Sheinbaum, la cooperación con Washington y la capacidad del Estado para impedir que una organización criminal convierta una baja histórica en una simple sucesión dinástica. En ese punto, el apellido importa, pero más importa lo que revela: que la disputa contra el CJNG sigue siendo, al mismo tiempo, una lucha policial, financiera y política.

COMENTARIOS